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lunes, 26 de septiembre de 2011

Recomendación literaria de la semana: El Círculo Negro


El Círculo Negro
Por Jesús Roque Orellana
Coordinador de Organización de Acción Juvenil León

México fue gobernado durante más de siete décadas por un partido político dominante, en una simulación de régimen democrático caracterizado durante un tiempo por la estabilidad y el desarrollo económico del país, aunque con una marcada represión de los sectores sociales que buscaran independencia respecto de los mecanismos de control establecidos por el Estado. Con posterioridad, esa estabilidad se terminó, dando lugar no sólo a una represión clandestina sino a una debacle económica que significó hacia el final del siglo XX la caída del sistema político mexicano emanado del movimiento revolucionario.

En ese sentido, Antonio Velasco Piña nos lleva a sospechar que, de alguna manera, existió un grupo secreto que controlaba al otrora partido oficial, un grupo sectario que buscaba mantener bajo su control los hilos del poder en México, y que lo conseguía a través del dominio de los sectores sociales que componían la estructura del Partido Revolucionario Institucional. Este grupo no intervenía de forma directa en los asuntos del gobierno, sino que se limitaba a garantizar la preservación del modelo de Estado surgido de la Revolución.

Se trata del Círculo Negro. La novela describe el testimonio de un anciano que en su lecho de muerte decide hacer la confesión de cuantos secretos posee, y para ello se vale del presbítero jesuita que le administró los últimos sacramentos, quien contacta al autor de esta obra para que pueda entrevistarse con el moribundo. Lo elige a él para hacer del conocimiento público el cúmulo de secretos que guardó durante casi medio siglo, puesto que necesita depositar toda esa información en una persona de ideología opuesta a la del priísmo.

Durante estas entrevistas, el anciano describe al autor la evolución del Estado mexicano, aduciendo las cualidades particulares de la idiosincrasia mexicana desde la época precolombina como justificación del gobierno autoritario, al afirmar que la estructura jerárquica, de una rígida verticalidad, que poseían las culturas prehispánicas, fue una herencia que hizo necesaria la aparición de caudillos y de dictaduras para enfilar al país al progreso material. Sostiene que fuera de Juárez, Díaz y Calles, no existieron estadistas en México.

El Estado presidencialista surgido del movimiento de 1910 hizo necesaria la evolución de la condición de país de hombres a nación de instituciones y leyes. El asesinato de Obregón y la creación de un partido de Estado hicieron posible confluir las diversas fuerzas sociales entorno a un orden establecido desde las más altas esferas del poder.

En ese contexto, con la llegada del civilismo en la política nacional durante el régimen de Ávila Camacho, un grupo de cinco jóvenes políticos deciden crear una Real Constitución del Estado Mexicano, que señala que la forma de gobierno en México es una monarquía absoluta sexenal, intransferible e improrrogable, cuyo jefe de Estado será el Monarca, quien coexiste en el gobierno con otras dos instituciones: El Partido y el Círculo Negro.

Las funciones del Círculo Negro serán las de fortalecer al Monarca en la toma de decisiones, así como proteger al sistema político al impedir que el Monarca decida perpetuarse en el poder por sí mismo o por interpósita persona, llegando incluso a considerar como atribución decretar su muerte en caso de pretender reelegirse, situación que estuvo a punto de actualizarse en los casos de Miguel Alemán, Luis Echeverría y Carlos Salinas de Gortari, en los cuales provocaron la sustitución del candidato previsto para suceder el Presidente en turno.

El control político del Círculo Negro se encontraba en la influencia que tenían sus integrantes en los sectores sociales del Partido, así como en la reserva y el secreto de la identidad de los integrantes, cuyo único miembro visible era Fidel Velázquez, líder vitalicio de la CTM y quien fungía como enlace entre el Círculo Negro y el Monarca. La intervención de este grupo secreto, que respaldaba las decisiones autoritarias del Presidente en turno, permitió que durante los sexenios de Adolfo Ruiz Cortines y Adolfo López Mateos, el país gozara de estabilidad financiera y desarrollo económico.

Pero al cometer los errores de apoyar las decisiones autoritarias de Gustavo Díaz Ordaz lo único que consiguieron fue que el sistema político que buscaban proteger comenzara a decaer. Las pésimas decisiones económicas de Luis Echeverría y José López Portillo sólo habrían de empeorar la situación.

Los regímenes neoliberales de Miguel de la Madrid, Carlos Salinas y Ernesto Zedillo implicaron no sólo el ocaso del régimen priísta, sino también del Círculo Negro. La muerte de tres de sus integrantes por su avanzada edad, hizo que Fidel Velázquez y el anciano narrador (presumiblemente Alfonso Corona del Rosal) comprendieran que su influencia había llegado a su fin y que la alternancia política estaba próxima a ocurrir.

Este libro, aun cuando la teoría conspirativa que contiene pueda resultar poco factible debido a consideraciones sociales y políticas que podrían hacerla una narración inverosímil, resulta útil como un manual de historia política nacional, puesto que refiere la evolución del Estado mexicano desde la independencia hasta el ocaso del régimen priísta.

Se trata de un texto interesante que subraya la importancia de los sectores sociales, principalmente el obrero y el campesino, para el sostenimiento de un régimen político que imperó durante siete décadas. El anciano concluye en la obra que aun cuando el Partido Revolucionario Institucional retornara al poder, el sistema político que construyó no volverá a ser el mismo.

Los datos de la obra son: "El Círculo Negro. El grupo secreto detrás del poder en México". Antonio Velasco Piña. Punto de Lectura, 2005.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Recomendación literaria de la semana: Disparos en la oscuridad



Disparos en la oscuridad

Por Jesús Roque Orellana
Coordinador de Organización Acción Juvenil León


En meses pasados comenzó a circular la primera edición de la obra“Disparos en la oscuridad” de Fabrizio Mejía Madrid, una biografía novelada de Gustavo Díaz Ordaz, presidente de la República cuyo mandato, como señala Enrique Krauze, marca el punto de quiebre en el ascenso del sistema político mexicano. Un sexenio que pasó a la historia no por el equilibrio económico y la bonanza del milagro mexicano, ni por la XIX Olimpiada o el IX Campeonato Mundial de Futbol, sino por el sacrificio de la juventud mexicana en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco.

La novela contribuye sin duda al conocimiento y reflexión sobre una de las épocas más cruentas de la historia moderna de México. Se trata nada menos que del inicio de una represión inusitada en el país, que encabezaría la Dirección Federal de Seguridad a través de personajes siniestros del talante de Arturo Durazo Moreno, Fernando Gutiérrez Barrios o Miguel Nazar Haro. La época de la Brigada Blanca y de las desapariciones forzadas en la obsesión gubernamental por acallar las voces disonantes en el concierto de megalomanía y autoritarismo de un sistema caduco.

La labor hecha por el autor permite que las nuevas generaciones tomen conciencia de la historia nacional, tocando un punto álgido de la evolución del Estado posrevolucionario, una etapa dolorosa que marcó el comienzo del final de la hegemonía del partido dominante. Para la juventud mexicana, que definirá en buena medida el rumbo de México en el proceso electoral que se avecina, resulta trascendente conocer el modelo de república presidencialista que el otrora partido hegemónico propugnaba.

Gustavo Díaz Ordaz, abogado poblano cuya trayectoria abarcó tanto la esfera meramente administrativa como la carrera política, representa una figura paradigmática del pragmatismo priísta. Un gobierno sin sensibilidad social, cuya obsesión en la paranoia de la Guerra Fría era impedir que triunfara una supuesta conjura comunista internacional contra México.

En ese sentido, abordar la figura presidencial de Díaz Ordaz implica conocer a un mandatario cuyas vicisitudes definieron el rumbo de México no sólo durante seis años, sino que incluso produjeron la herida de la que el priísmo no pudo recuperarse jamás: el nacimiento de la sociedad civil. La paradoja que conlleva la asimilación de un Estado constitucional de una revolución institucionalizada permite entender las contradicciones de estadistas cuyas manías, pasiones, temores influyeron notablemente en la vida política nacional.

Mejía Madrid nos retrata a un Díaz Ordaz obsesivo, paranoico, rodeado no de colaboradores, sino de sirvientes. Un gabinete constituido por personajes serviles al presidente de la República, encabezado por un Echeverría cuya sumisión abyecta le valió nada menos que la sucesión presidencial. Un Gustavo Díaz Ordaz que ante la carencia de voluntad política genuina, recurrió a la violencia como medida extrema para mantener una relativa paz social. ¿Cómo olvidar las connotaciones pragmáticas de la frase “la ley es legal aunque seas inconstitucional”?

No se trata de un texto que analice a detalle las motivaciones y el desarrollo del movimiento estudiantil de 1968, aquella movilización de almas que sacudió al sistema político mexicano por no tratarse de obreros o maestros en búsqueda de prestaciones, aumentos salariales e independencia sindical, sino de democracia y legalidad en un Estado anquilosado, hierático, producto de la disciplina partidista sorda a las demandas sociales. No nos refiere el carácter de los liderazgos estudiantiles, sino las decisiones tomadas en Palacio Nacional, en Los Pinos, en la corte barroca de un presidente autoritario, cerrado al diálogo y la concertación con la juventud mexicana, y cuya obsesión por el orden le llevó a tomar la trágica decisión del 2 de octubre.

Este libro es ampliamente recomendable para las generaciones de jóvenes que asumen el compromiso con México y que desconocen los detalles de la nación reprimida y avasallada por el terrorismo de Estado que no pudieron conocer y que hoy amenaza con regresar en una simulación de faceta de renovación y empatía hacia los grandes problemas nacionales.

Los datos de la obra son: "Díaz Ordaz. Disparos en la oscuridad". Fabrizio Mejía Madrid. Editorial Santillana, 2011.